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La gran mentira de la ‘libertad de prensa’

La gran mentira de la ‘libertad de prensa’

Autor : Raúl Navas
Fecha : ( 08-Diciembre-2006 )

Todos los medios de comunicación repiten que son imparciales, independientes y veraces. Pero la sociedad en la que vivimos está dividida en clases sociales antagónicas con intereses opuestos, y en los medios de comunicación vemos un ejemplo más de esta realidad. La burguesía necesita inundar el planeta de propaganda para justificar el sistema establecido. Y sus medios de comunicación no son neutrales: confunden y mienten a la opinión pública, censuran noticias, distorsionan la realidad, intoxican y bombardean las mentes con ideas reaccionarias.
En el Estado español existen grupos poderosos que monopolizan la información que recibimos diariamente. Podemos citar el grupo Recoletos que posee, entre otros: Marca, Expansión, Qué, Prensa Ibérica, y por si fuera poco el 10% de Antena 3. El presidente de este grupo es Juan Kindelán, miembro del Opus Dei.
El grupo Planeta, que en 2004 facturó 1.143 millones de euros y aglutina a más de 60 empresas, controla Antena 3, La Razón y Onda Cero. Su presidente es el multimillonario José Manuel Lara de Bosch, que heredó todo un imperio empresarial de su padre, José Manuel Lara, —capitán de la Legión en tiempos de Franco— personaje que hasta su muerte, hace tres años, se declaró franquista y del PP.
El grupo Zeta controla diarios como El Periódico de Catalunya, El Periódico de Aragón, La Voz de Asturias, El Adelanto de Salamanca, y revistas como Interviú, Tiempo, etc. También destaca el grupo Vocento, que controla Abc, estudios Picasso, Árbol Media, el 13% de Telecinco y parte de la Cope, emisora controlada por la Iglesia —el 50%, la Conferencia Episcopal; y otro 20%, las diócesis y órdenes religiosas—. Como sabéis, en esta emisora todos los días, especialmente por las mañanas, podemos escuchar comentarios como “En Cataluña los terroristas mandan”, “Franco dejó un país próspero y modernizado”… Federico Jiménez Losantos ha llegado a afirmar que el 11-M fue “producto de una conspiración para echar al PP del poder. A quienes me preguntan si creo a la izquierda española capaz de semejante barbaridad les contesto, sin dudarlo, que sí”.
Estas y otras afirmaciones que hace pocos años únicamente provenían de grupos marginales ultraderechistas hoy en día las podemos escuchar en la Cope y leer en periódicos como La Razón o El Mundo e incluso en cadenas de televisión como Telemadrid.

El grupo Prisa

Por último, pero no menos importante, hay que señalar al poderoso grupo Prisa, el mismo que dio la bienvenida al golpe de estado en Venezuela contra el presidente electo Hugo Chávez en abril de 2002 a través de su diario El País.
Este grupo posee 434 emisoras de radio (Cadena Ser, 40 Principales, Cadena Dial, Máxima FM, Radiole, M80), además controla Sogecable (propietaria de Digital + y Cuatro) y Peretsa (propietaria de Localia TV), también posee editoriales como Santillana, Aguilar, Alfaguara, Suma, Taurus, etc. Tiene jugosos negocios en el sector del libro y de las distribuidoras. Entre los periódicos que controla destaca El País, As, y Cinco Días. Con este repertorio no es de extrañar que en el año 2005 facturaran casi 1.500 millones de euros.
Este poderoso grupo de comunicación no sólo tiene intereses en el Estado español, tiene muchas inversiones en Latinoamérica. Posee una televisión (ATB) y varios periódicos en Bolivia (Extra, Nuevo Día, La Razón). Gracias a editoriales del grupo Prisa, como Santillana, tienen una implantación en casi todos los países donde se habla castellano. El odio que rezuman sus editoriales con el presidente venezolano tiene una explicación bastante material, y es que tiene como socio en ese país al grupo Cisneros, el mayor grupo mediático de este país, que controla Venevisión, una cadena de televisión reaccionaria que apoyó el golpe de estado contra Chávez. Gustavo Cisneros, propietario del grupo, posee una fortuna personal de unos 5.000 millones de dólares, es la tercera persona más rica de Latinoamérica. Es dueño de equipos de béisbol, concursos como el de Miss Venezuela, cadenas de televisión, etc. y, por supuesto, es amigo de George Bush (padre e hijo) y está relacionado con el blanqueo de dinero del narcotráfico. En sus canales de televisión no hay constancia de que se haya emitido alguna manifestación de apoyo a Chávez en momentos críticos como el paro patronal de 2003 o el golpe de 2002.
Tampoco hay que olvidar los vínculos que Prisa tiene con multinacionales con presencia en Latinoamérica como Repsol-YPF, que en publicidad invierte cada año cantidades millonarias. Telefónica es dueña del 20% de Sogecable, BBVA y BSCH, son los dos primeros bancos de Latinoamérica y casualmente también tienen lazos económicos con el grupo Prisa.
Pero el mayor escándalo en cuanto a las inversiones de este grupo en Latinoamérica tiene que ver con la deuda externa. Con frecuencia el Estado español condona la deuda a algunos países en forma de libros y material educativo: es decir, un país en vez de pagar la deuda tiene que comprar libros a una editorial. Así, en el año 2000, Chile compró material a la editorial Santillana con un sobreprecio de 664 millones de pesetas, un 70% por encima de su coste, y en el 2002 el gobierno boliviano dejó en manos de Santillana la producción y venta de libros para estudiantes de primaria.
Todo esto genera una red de confluencias e intereses de forma que la situación política y social de estos países, el color del gobierno de cada uno de ellos repercute inmediatamente en la información que recibimos. Y por estas razones no es de extrañar que el giro a la izquierda que se vive en América Latina inquiete a este conglomerado de la comunicación.
Así funciona la veracidad de los medios de comunicación. Son los intereses de estos grupos empresariales los que determinan qué gobierno es plausible y cuál debe ser atacado sin miramientos. El País, diario que se autoproclama progresista, llena sus páginas de calumnias y mentiras especialmente contra el presidente Chávez. El objetivo es claro, crear una opinión pública que vea lógico cualquier acción violenta que tenga como objetivo derrocar al actual gobierno.

El monopolio de los grupos de información

¿Cómo puede existir libertad de expresión cuando los medios están en manos de un puñado de banqueros y grandes capitalistas? En los últimos años se han dado grandes fusiones empresariales en varios sectores estratégicos para los capitalistas, el sector informativo ha sido uno de ellos.

El grupo de comunicación, New Corporation tiene activos en todo el mundo por valor de 55.000 millones de dólares y obtiene unos ingresos anuales de 25.000 millones de dólares, posee más de 130 periódicos, dos docenas de canales de televisión, productoras de cine, editoriales, etc. El director y máximo accionista de tal tinglado es Keith Rupert Murdoch, un magnate estadounidense de 75 años y, por cierto, profundamente conservador. Murdoch es uno de los más grandes multimillonarios del planeta —pese a perder 1.700 millones de dólares en su último divorcio— y es muy conocido por sus ideas derechistas. La revista Forbes todos los años le sitúa entre las treinta personas más ricas del mundo, su fortuna se sitúa en la escalofriante cifra de unos siete billones de dólares. Apoyó abiertamente en los años ochenta a Margaret Thatcher y a Ronald Reagan, al igual que ahora muestra un apoyo entusiasta a Tony Blair y, sobre todo, a George W. Bush. Poco antes de empezar la guerra de Iraq declaró en The Guardian: “No podemos echar-nos atrás ahora, dando a Sadam el Medio Oriente entero (…)
Creo que Bush está actuando de manera ética y correcta”. Preguntado sobre las ventajas de aquella masacre imperialista dijo al mismo diario: “La consecuencia más importante de la guerra de Iraq para la economía mundial serán los 20 dólares por barril de petróleo. Es más que cualquier reducción de impuestos en cualquier país”.

Personas como ésta y empresas como las suyas verifican la idea de que en una guerra la primera víctima es la verdad.

En Gran Bretaña, Murdoch pose los periodicos The Times, News of the World y The Sun. La editora de este último periódico es Rebeka Wade, personalidad que asiste a los cumpleaños del príncipe Carlos y que ha reconocido llegar a pagar a la policía con fines periodísticos.

En EEUU posee el New York Post, y la influyente revista neoconservadora The Weekly Standard que llevaba dos años pidiendo la cabeza de Donald Rumsfeld por ser demasiado “centrista”. Por si fuera poco, el año pasado compró el portal de internet MySpace.com por 580 millones de dólares, y también la cadena de videojuegos IGN por 650 millones de dólares. Actualmente tantea comprar parte de Antena 3 y La Razón.

Murdoch dijo para The Hollywoods Reporter en noviembre de 2005: “Las noticias son mi pasión, y dar a la gente opciones para que tengan dos periódicos para leer y más de un canal de televisión”.
No deja de ser gracioso este cínico comentario. Nos da opción a elegir. Claro… Murdoch no es el único magnate de la comunicación. Tenemos a otro de su especie: Ted Turner, que controla revistas como Time, People, Fortune, aparte de poseer el navegador Netscape, de ser propietario de la cadena de Televisión CNN, dueño de los archivos de la todopoderosa productora de cine MGM (la del león), y además es el mayor accionista de AOL Time Warner. Él mismo fue el artífice de la fusión de ambas, valorada en 166.000 millones de dólares.
Ya sabemos qué clase de noticias e ideas nos intenta transmitir gente como ésta y empresas como las suyas. Y también conocemos la clase de gente que utiliza para “comunicar noticias”. Sin ir más lejos, el pasado junio Murdoch nombró a Aznar miembro del consejo de administración de New Corporation. La misma persona que nos “comunicó” que “las armas de destrucción masiva existen y las verán, pueden tener toda la seguridad”.
Por eso, frente a toda la propaganda de la clase dominante, los trabajadores y los oprimidos siempre hemos tenido también que afilar nuestras armas ideológicas. La historia de las organizaciones obreras está llena de ejemplos de cómo se crearon y desarrollaron publicaciones obreras basadas en la financiación y apoyo de los trabajadores y totalmente independientes del Estado burgués; una prensa obrera que pudiera presentar una batalla ideológica a la burguesía y organizar a los trabajadores. Una tarea indispensable y valiosísima que hay que continuar: luchar contra la intoxicación y manipulación con la que todos los días nos bombardea la clase dominante.

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